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El fraking en nuestro ecosistema

         

El fracking es una técnica de fracturación hidráulica utilizada para la extracción de petróleo y gas no convencional, que sólo Estados Unidos aplica a gran escala. Por el momento, se trata de un tema controvertido: si bien permite extraer un gas natural de bajo costo, las organizaciones ecologistas aseguran que el fracking implica serios peligros ambientales y humanos.

El fraking en nuestro ecosistema

1. ¿Qué es el Franking?

La fracturación hidráulica o “fracking” es una técnica aplicada a la extracción de gas natural y petróleo del subsuelo, que se realiza mediante la fracturación de la roca madre, compuesta por pizarras y esquistos. Para la extracción, el taladro perfora el suelo hasta alcanzar, como mínimo, 2500 metros de profundidad y después se redirecciona para que continúe perforando pero de manera horizontal durante 1000 a 3000 metros de longitud. Cuando el terreno se encuentra listo, se inyecta agua a presión, mezclada con arena y químicos, para que la roca se fracture y libere el gas o el petróleo contenido en el subsuelo.

Las inyecciones para favorecer la extracción de petróleo o gas natural se remontan a 1860, en la costa este de Estados Unidos. En esos años se utilizaban materiales explosivos, como la nitroglicerina (la película “El salario del Miedo”, dirigida por Henri-Georges Clouzot, en 1953, retrata muy bien esta situación). En 1930 comenzaron a utilizarte ácidos. Recién en 1947 se realizaron los primeros estudios acerca de la posibilidad de utilizar agua a presión: la empresa Stanolind Oil fue la primera en aplicar este método en 1949. En el 2010, Estados Unidos aplicaba fracking a más del 50% de los pozos de explotación.

La técnica de fracturación hidráulica surgió como respuesta a la escasez de petróleo. Por el momento, sólo Estados Unidos utiliza este procedimiento a gran escala: 50.000 pozos perforados. En el resto del mundo, todavía la actividad se encuentra en estado incipiente. Estados Unidos cuenta con una regulación que favorece este tipo de explotación. Los ambientalistas denuncian que la regulación norteamericana omite toda normativa sobre calidad de aire y agua potable, y además genera numerosos incentivos fiscales, ya que las empresas explotadoras no están obligadas a informar las sustancias que utilizan para la extracción de estos recursos naturales.

La situación en Europa es bastante diferente. Debido a la enorme presión popular, la Comisión Europea se encuentra estudiando su propia legislación para determinar si ofrece un marco adecuado para el ejercicio de esta actividad. A partir de un informe realizado por el Parlamento Europeo en el 2011, la Comisión Europea ha señalado que en realidad existen demasiados agujeros legislativos que mantienen en suspenso la aplicación del procedimiento de fracturación hidráulica.

 

2. Posibles perjuicios en alimentos y naturaleza

Las técnicas de fracturación hidráulica generan preocupación ambiental a escala planetaria. Algunos de los efectos adversos son los riesgos de contaminación de acuíferos, la emisión de contaminantes, la posibilidad de migración de gases a la superficie del suelo, la contaminación del suelo debido a los químicos tóxicos, la alteración de los paisajes y el terreno, los riesgos de vertido provocados por el manejo inadecuado de los residuos, las afecciones a la salud humana y los riesgos sísmicos.

Aunque las compañías extractoras actúan con reserva al momento de informar las sustancias que contienen los fluidos del fracking, por lo general, se utilizan químicos como el queroseno, el benceno (un potente cancerígeno que brota a través del vapor que emerge de los pozos y se expande por el aire), el tolueno y el xileno.

Mientras las organizaciones ecologistas y civiles denuncian que el fracking acarrea graves riesgos ambientales, las empresas aseguran que estos riesgos son controlados a través de estrictas medidas de seguridad: la utilización de envolventes adecuados para aislar los acuíferos, además del tratamiento del agua para su reutilización en los pozos de extracción.

Pero las fugas de gas son frecuentes en los pozos y en las tuberías, lo que aumenta todavía más las emisiones de gases de efecto invernadero, sin contar las generadas por la cantidad de vehículos utilizados durante la explotación (cada pozo necesita aproximadamente 6000 viajes en camiones). Los químicos, los gases, los vehículos, destrozan el suelo, que queda completamente intoxicado o infértil. Algo que afecta de manera directa a las poblaciones rurales aledañas a las zonas de explotación y, en una escala mayor, al mercado de alimentos agrícolas y ganaderos.      

Pero no sólo se trata de lidiar con los efectos que contaminan la atmósfera y la superficie del suelo, sino que además el agua inyectada a presión en el subsuelo genera movimientos que pueden activar o reactivar zonas sísmicas y provocar terremotos. De hecho, la fracturación hidráulica produce con frecuencia sismos de pequeño nivel, tan pequeños que en general ni siquiera son detectados por los aparatos de medida creados para medir sismos. Estos microsismos no generan riesgos pero tampoco excluyen la posibilidad de provocar sismos de mayor tamaño. A veces, estos pequeños movimientos son inducidos por las propias empresas que desean obtener una dimensión precisa de la profundidad y la extensión de la fractura.

 

3. ¿Cuáles son los principales inconvenientes para la aplicación del fracking?

En el 2011, la gran academia cinematográfica de Hollywood galardonó con un oscar al “Mejor Largometraje Documental” a la obra de Josh Fox, “Gasland” (2010), que había generado un fuerte impacto en la opinión pública al denunciar la excavación por fracking en 34 estados norteamericanos, a través de 450000 pozos, cada uno fracturado unas 18 veces, para lo que habían debido utilizarse algo así como 40 billones de litros de agua y alrededor de 600 diferentes tipos de productos químicos. Esto demuestra que en Estados Unidos, en el único país que cuenta con una regulación que ha sido específicamente adaptada para permitir la práctica del fracking, existe una fuerte resistencia.

En España todavía no se ha llegado a este nivel de oposición, seguramente porque la explotación aún no se encuentra regulada, pero muchísimos ciudadanos manifiestan su descontento a través de diversas plataformas como  “Municipios Libres de Fracking”, integrada por habitantes de Araba, Guipúzkoa, Bizkaia, Burgos, Soria y Cantabria.

El 2 de abril de 2014, la Comisión de Peticiones de la Eurocámara admitió la petitoria que había presentado Raúl Fernández Pérez, representante del sindicato UGAM-COAG, en la que se intentaba programar una reprobación al permiso otorgado a Repsol para realizar exploraciones en busca de hidrocarburos utilizando el método de fracturación hidráulica. La petición expresaba que el uso de esta técnica implicaba un enorme riesgo de daños ambientales, y además resaltaba que el permiso había sido concedido a pesar del amplio rechazo manifestado por la sociedad civil. Luego de su admisión, la petición llegó al Parlamento Europeo, que desde el 27 de enero de 2015 se encuentra en pleno debate acerca de la cuestión.

¿Hay alternativas? Para quienes se manifiestan en oposición al fracking, la situación es lo suficientemente drástica como para encontrar sólo una alternativa posible: un cambio del modelo energético, es decir, la trasformación del modelo energético actual por uno de desarrollo más sostenible y respetuoso del ambiente, que pueda satisfacer las necesidades de la población sin afectar los recursos naturales ni las posibilidades y calidades de vida de las generaciones actuales y futuras.

¿como funciona el fraking?

 Derechos de la fotografia frackingez.org  Portada de Mityc.es

4. Beneficios

En una línea opuesta a la que identifica los riesgos ambientales producidos por el fracking, se encuentra aquella que destaca los beneficios que permite la fracturación hidráulica. Con esta técnica resulta posible obtener grandes cantidades de hidrocarburos, que antes eran inaccesibles. Pero además el fracking genera un gas más barato y, por el momento, se presenta como la alternativa de extracción de gas más ecológica que existe.

El gas de esquisto, también conocido como gas de lutita o “shale gas”, es un hidrocarburo en estado gaseoso que se encuentra en zonas tan profundas que la única manera de extraerlo es por medio de técnicas especiales como la fracturación hidráulica. Su extracción resulta demasiado provechosa como para dejarla a un lado: permitió bajar al nivel mínimo de los últimos veinte años de emisiones de dióxido de carbono. De acuerdo a un informe elaborado por la Administración de Información de Energía de los Estados Unidos (EIA), el “shale gas” ha conseguido aumentar los recursos mundiales de gas natural en un 47%. Estados Unidos es el único productor de gas de esquisto a gran escala.

Las preocupaciones ambientales generadas por el uso de esta técnica deben ser consideradas con seriedad. De allí surge la necesidad de activar una fuerte regulación en esta materia. Pero, aplicado de manera adecuada, el fracking podría convertirse en la solución ecológica de estos tiempos, podría incluso presentarse como un método transitorio, hasta que las energías renovables se encuentren en condiciones de competir con los combustibles fósiles. El gas natural genera 45% menos de emisiones de CO2 que el carbón, y además su costo es muchísimo menor al de la energía solar y eólica.   

En Estados Unidos, a través del reemplazo del carbón por el gas de esquisto, se han podido evitar alrededor de 500 toneladas métricas de emisiones de gases tóxicos. El Departamento de Energía de este país, junto con otros actores y empresas implicados, invirtió diez millones de dólares durante los últimos treinta años para optimizar esta técnica de perforación y fractura. Ahora que la fracturación hidráulica se encuentra en funcionamiento, los estadounidenses pueden percibir los beneficios generados por el precio de un gas mucho más barato que los combustibles fósiles.   

Mientras los precios del gas en la Unión Europea se duplicaron durante la década del 2000, en Estados Unidos disminuyeron un 75% en los últimos años. Esta disminución ha generado un ahorro de 125 mil millones de dólares anuales a los estadounidenses.

 

¿Qué opinas acerca del fracking? ¿Estabas al tanto de estas controversias?

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Publicado el 20/5/2015 en Naturaleza y Sostenibilidad

         

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